El legado vigente de Florence Nightingale y el día internacional de la Enfermería.

Escrito por Cecilia Burgos, Mg. en Bioética académica del  Instituto de Enfermería de la Facultad de Medicina UACh.

Florence Nightingale (1872). Imagen de Wellcome Collection

El 12 de mayo se celebra el Día Internacional de la Enfermería en honor a la británica Florence Nightingale, conmemorándose este año el aniversario 200 de su nacimiento. Nacida en la ciudad de Florencia, Italia, su vida fue un apostolado del cuidado y atención de los enfermos y heridos de guerra. Virtuosa e innovadora en su oficio y gran inspiradora de la causa femenina y los derechos de las mujeres, también representó un hito en el impulso en la profesión de la enfermería.

De familia acaudalada y aristócrata, Florence Nightingale recibió una intensa formación educativa en idiomas, matemática, filosofía y religión. Inclinada desde temprana edad a la ayuda de sus congéneres, mientras a sus 18 años viajaba por Europa y Egipto, su extraordinaria capacidad de observación le permitió estudiar diferentes sistemas de atención hospitalaria, dedicándose a la enfermería, un oficio que no era tradicional en su nivel social y económico.

A pesar de la resistencia de su familia, Florence comenzó a entrenarse en el Instituto San Vicente de Paúl en Alejandría, Egipto. Luego en el hospital del Pastor Theodor Fliedner, cerca de Düsseldorf (Alemania), para posteriormente mudarse a un hospital en el poblado de Saint-­‐Germain, cerca de París, dirigido por las Hermanas de la Caridad. A sus 23 años regresa a Londres y asume el cargo sin paga de Superintendente en el Establecimiento para Damas Inválidas, mientras se dedica a profesionalizar los cuidados de enfermería. De oficio poco valorado, Nightingale convierte a la enfermería en la profesión por excelencia dedicada al cuidado de los enfermos. Con acuciosidad de observación, mentalidad estadística, disciplina y metodología, se dedica a registrar resultados de los métodos de cuidado y tratamiento, basándose en evidencias.

Tuvo una relevante participación en la atención de los soldados británicos heridos en la Guerra de Crimea (1853-­‐1854), donde se acompañó de 34 disciplinadas enfermeras jóvenes de clase media. Allí entendió la importancia del entorno en que se atendía a los enfermos, mientras  con su sistema de registros y comparación de resultados que permitía seleccionar métodos para los cuidados y la reorganización hospitalaria, lograba la reducción significativa de tasas de mortalidad hospitalaria. Más adelante atendió peticiones de Estados Unidos y de Canadá para asesoría en la organización del sanitarismo militar.

Florence Nightingale, pionera para su el siglo XIX, se recuerda por sus lecciones de como lavarse las manos con agua y jabón y otras prácticas de higiene que ayudaron a transformar los conceptos de salud pública. Estas mismas prácticas cobran nuevamente vital importancia hoy en día a raíz de la pandemia del COVID-­‐19.

Definida como la enfermera más famosa de toda la historia, Nightingale pasó años entre enfermos y equipos médicos trabajando para combatir epidemias como tifus y cólera. Atendió soldados de la Guerra de Crimea (1853-­‐1856) que no fallecieron por las heridas, sino por las infecciones.

Sus soluciones fueron elaboradas para un mundo que aún no entendía cómo se extendían los gérmenes y que hoy parecen cuestiones obvias. En 1870 ya declaraba “El mundo tardará 150 años en ver el tipo de enfermería que imagina”.

 Nightingale defendía la importancia del lavado de manos, la limpieza de los hospitales y la instrucción de enfermeros profesionales. También abogaba a favor de la limpieza de los hogares como un factor importante para prevenir contagios. Aunque aparentemente básicos, los principios que impulsó la profesional hoy son claves en el combate del coronavirus.

En su libro “Notas sobre enfermería” (1860), Nightingale remarcó la necesidad de mantener las ventanas abiertas para ventilar ambientes, limpiar los pisos y alfombras y mantener los desagües limpios. La pionera también dejó otras lecciones:

‐ Resaltó la importancia de ambientes beneficiosos para la salud mental y física. Consideraba que los pacientes tenían menos chances de mejorar si se deprimían o se desesperaban. En los hospitales del ejército motivó a los soldados a leer, escribir cartas y conversar entre sí.

‐ Creó diagramas para que se visualizaran datos sobre la contaminación, algo revolucionario para su época. Contrajo brucelosis y transformó su reclusión en una ventaja: tenía la excusa perfecta para aislarse y dedicarse a su trabajo.

Valorando la disposición del profesional de la enfermería para escuchar, comprender y satisfacer las necesidades individuales de los enfermos, Nightingale tenía un alto concepto de la persona como individuo único e irrepetible. En tal sentido instituyó un modelo educativo para profesionales de enfermería con las premisas de las pasantías prácticas obligatorias en los hospitales y en la disciplina de rigurosa obediencia y apego a normas hospitalarias. Impuso un esquema de organización de enfermería en la que se pudieran desarrollar teorías y marcos conceptuales que permitieran avances permanentes en la calidad de atención.

El modelo educativo incluía sus formulaciones y teorías sobre el entorno, tanto para evitar enfermedades como para la mejor curación del enfermo, considerando variables como la adecuada ventilación, temperatura, iluminación, nutrición, higiene, ergonomía, diseño hospitalario y ruido, entre otras.

Florence Nightingale fue más allá, pues hacía referencia a la calidad de las viviendas y precarias condiciones de vida de los pobres. Esas variables son tan indispensables en la actualidad como hace 150 años. Adelantándose a su época, y para reducir el contagio de enfermedades infecciosas, sus observaciones del entorno le permitieron recomendar en lo posible el baño diario de los pacientes y el riguroso y minucioso cambio de ropa y frecuente lavado de manos por parte del personal de salud. Los principios de Nightingale sirvieron de modelo universal para las primeras escuelas de enfermería, las cuales pueden observarse en los actuales programas educativos.

Resulta sorprendente que definiera salud desde el punto de vista del enfermo, como la sensación que tiene cada persona de sentirse bien y no tener limitaciones para utilizar todas sus facultades al máximo.

Para Nightingale la enfermería consistía en colocar al paciente en las mejores condiciones para que la naturaleza y el cumplimiento de las actuaciones médicas ejercieran su función. Ejercer la enfermería implicaba hacerse cargo de la salud de otro y con mayor número de personas formadas en el cuidado de los enfermos, consideraba que los profesionales en enfermería podrían dedicarse más a aspectos preventivos y a vigilancia continua de los asuntos de salud de las comunidades.

Florence nunca se casó, y postrada en cama durante largos años por una enfermedad que contrajera durante la Guerra de Crimea, murió a los 90 años. Está enterrada en la Iglesia de Santa Margarita, en Hampshire, Inglaterra. Desde entonces en gran parte del mundo los profesionales de la enfermería realizan un juramento en su nombre al graduarse.

La Enfermería del siglo XXI

La enfermería ha avanzado con los predicamentos de Nightingale. Para la OMS la profesión “abarca la atención autónoma y en colaboración dispensada a personas de todas las edades, familias, grupos y comunidades, enfermos o no, en toda circunstancia. Comprende la promoción de la salud, la prevención de enfermedades y la atención dispensada a enfermos, discapacitados y personas en situación terminal”. Año tras año se imponen nuevos retos en cuanto a cantidad de personas por atender, como también en la capacitación en numerosas especialidades de cuidados médicos y quirúrgicos.

El Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dirigida por Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró el año 2020 como el año de la Enfermería y Matronería, conmemorando así el bicentenario del nacimiento de Florence Nightingale, fundadora de la enfermería moderna.

El CIE (Consejo Internacional de Enfermería) ha instado, al mismo tiempo, durante su intervención en la reunión del Consejo Ejecutivo de la OMS, a los ministerios de Sanidad de los distintos países miembros a la elaboración de un informe mundial sobre el estado general de la enfermería y a contar con la participación de los profesionales enfermeros líderes.

En este sentido, Annette Kennedy, presidenta del CIE, ha destacado que esta iniciativa supondrá una herramienta para dar relevancia a la necesidad de tener personal de enfermería adecuadamente formado y, por otro lado, para formular otras estrategias de retención y de contratación que se traduzcan en la supresión de los impedimentos al desarrollo profesional.

Uno de los principales retos de la OMS es poder solventar el déficit mundial de más de 7.000.000 de profesionales de enfermería en el mundo, lo cual representa un 42%. La cifra del número de enfermeras/os por habitante debería estar entre 1:250 a 1:400 habitantes. Por ejemplo, en Chile existe apenas un tercio de enfermeras trabajando en relación a lo recomendado por la OCDE. De 115 mil enfermeras requeridas, apenas contamos con 34 mil. Esta cifra se basa en la recomendación de 8.8 profesionales por cada mil habitantes (2015).

El bicentenario del nacimiento de Florence será recordado en todo el Reino Unido, donde abrirán cinco hospitales temporales para atender a los enfermos con coronavirus. Todos se bautizarán como Hospitales Nightingale, en homenaje a la mujer que nació hace 200 años y sentó las bases de la enfermería moderna. El primero de ellos fue inaugurado el 3 de abril pasado y encomendado especialmente por la Reina Isabel II a su primogénito, el Príncipe Carlos, quien manifestó en su discurso …“en este tiempo oscuro, este lugar será una luz brillante y símbolo de la atención desinteresada y el servicio dedicado que tiene lugar en innumerables entornos, con innumerables personas en todo el Reino Unido…”. Misma luz brillante que entregó a sus pacientes moribundos mientras los visitaba y cuidaba alumbrándose con una simple lámpara de parafina.

“Si no hubiera nadie descontento con lo que tiene, el mundo nunca alcanzaría algo mejor”. Florence Nightingale.

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Publicado en: Noticias FAME