8M y salud mental o cómo compartir la carga mental de los cuidados

Columna de opinión escrita por la académica del Instituto Aparato Locomotor y Rehabilitación, sub unidad Terapia Ocupacional de la Facultad de Medicina, Daniela Olivares Aising, quien además es miembra del Frente Feminista de Plataforma Socialista.

Feminismos, en plural, como primera respuesta, tal vez en protesta, frente al pensamiento monolítico del patriarcado, que ha determinado históricamente el hacer de las mujeres en las sociedades (y de otros grupos minorizados). Pero también ha sido histórica la lucha de mujeres por cambiar dicha situación para poder convertirnos en protagonistas de nuestras vidas. Es por eso por lo que conmemoramos el 8M, sobre todo para recordar a quienes murieron tan solo por exigir mejores condiciones laborales, hace ya más de un siglo.

Sin duda alguna hemos avanzado, aun cuando las políticas de género han sido instaladas, habitualmente, con muchas cortapisas. Pero han sido mayores las dificultades para cambiar, en particular, una cultura de cuidados en que, en su gran mayoría, las mujeres somos las principales responsables. En particular, el concepto de carga mental, todavía escasamente conocido, se refiere al trabajo de organizar, administrar, ‘llevar una casa’, que incluye el cuidado de la familia, el cual es invisibilizado, naturalizado y subvalorado.

La carga mental exige a la persona trabajo físico, demanda emocional y habilidades cognitivas para mantener todo ‘en orden’, la estabilidad familiar, y la rutina diaria, que debe ser sostenida en el tiempo, sin pausa. El problema es que cuando no se comparte, cuando no es posible tener un espacio personal, o poder ‘hacer otra cosa’, afecta nuestra salud mental, ya que los seres humanos requerimos momentos para restaurarnos, de descanso, de tiempo libre.

Al ser un rol asignado ‘naturalmente’ a las mujeres, se genera una sanción social, una crítica, cuando las mujeres expresamos alguna molestia, cansancio o mal humor, sobre todo al interior de las propias familias. Del mismo modo, nos hacemos parte de esta naturalización del rol, aumentando la sobre carga de actividades al interior del hogar, porque al final, si algo no funciona, si hay algún pendiente, nos sentimos responsables, permaneciendo en un eterno círculo vicioso.

Cambiar rutinas no es tarea fácil, pero en este 8M comprometámonos a soltar la carga para que alguien más pueda tomarla. Al final de eso se tratan los feminismos, compartir por igual la vida en todas sus dimensiones.

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