Atención Primaria de Salud como estrategia principal

Columna de opinión escrita por la Dra. Marcela Tarub, directora del Programa en Especialización en Medicina Familiar Comunitaria de la Escuela de Graduados de la Facultad de Medicina UACh.

La Atención Primaria de Salud, APS, es una estrategia que se basa en la comprensión de la determinación social de la salud. Eso significa, primeramente, entenderla desde una perspectiva política, técnica y de influencia colectiva, y no solo como una parte del sistema de salud, es decir,  no solo un nivel de atención, no solo una puerta de entrada, no solo un conjunto de prestaciones a los individuos.

Significa entenderla como una estrategia de salud y de desarrollo, que desde hace al menos un par de décadas cuenta con la evidencia respecto a que los países con una APS sólida, tienen mejores resultados en salud y los logran de manera más eficiente, equitativa y sostenible.

La APS trascienden al sector sanitario y su trabajo multidisciplinario tiene una base territorial, comunitaria e intersectorial y afectiva, que reconoce la incidencia de los contextos en el presente continuo de los procesos salud enfermedad y que considera sus dimensiones socio – espirituales, psicobiológicas, culturales e históricas.

Reconocer lo anterior significa reconocerle a la APS una creciente complejidad de la cual no puede quedarse ajeno el propósito sanitario de mayor resolutividad de las patologías prevalentes y el énfasis en la prevención y en la promoción de la salud.

Para ser pertinentes, el sistema de salud, que debe aspirar a descentralizarse, y los equipos locales con su poderoso potencial comunitario, están llamados a realizar las innovaciones pertinentes con los principios irrenunciables del modelo de atención vigente en Chile para las redes de salud: la integralidad, la continuidad y la atención centrada en las personas.

La APS como estrategia,  exige que las universidades cultiven en las nuevas generaciones de profesionales de la salud habilidades para la escucha y la deliberación participativa y un pensamiento sistémico y crítico que facilite la aproximación a la multidimensionalidad de los procesos salud enfermedad y de atención, desde un enfoque bioético y de derechos humanos, para que, sin abandonar el propio autocuidado, se potencien las habilidades relacionales con pacientes, familias, equipos y territorios, orientadas a sumarse a la co- construcción de bienestar colectivo y de responsabilidad compartida.

 

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